Barra superior adicciones

lunes, 2 de marzo de 2015

La casa de enfrente... Häg (III-I)

          (viene de aquí haz clic)

          Habían pasado horas desde que se habían largado aquellos policías que habían entrado por la fuerza, para poderle salvar le vida a Häg, que ni tan siquiera sabía cómo se había administrado aquella sustancia que le dejó tirado por el suelo.
Se sentía con cierto desánimo que ni entendía, en la que también le generaba ciertos pensamientos erráticos, pero los que más le preocupaban era el hecho de que él sabía que su dulce Dora, y que había desaparecido sin más, aunque tampoco era algo lógico.
Incluso se le hacía insoportable el tratar de dormir, tras haber sobrevenido de una sobredosis que tal y como dijo el médico, al subinspector Alonso, parecía que había sido por los síntomas que presentaba cabía la posibilidad de que la cocaina o algún tipo de anfetamina fuera la causa de la sobredosis que tuvo que ser atendido por una llamada telefónica que recibieron en la Central.


Mientras tanto en la callejuela de la tan misteriosa casa de enfrente de  casa de Häg existía una lucha interna entre Häg y sus pensamientos.



Cuando había conseguido dormir se le generaba un malestar por aquellos sueños que eran demasiado intensos, e incluso desagradables; por lo que su actividad le había pasado a llevar a estar agitado fatigoso y sin demasiado apetito, salvo la sed, que la iba a saciar directamente del grifo del baño, en la que se percató que ni tan siquiera quedaba alguna esencia de Dora.


Aquello no era un misterio sólo para él.


Cartoon Networks.
          - ¡Ramírez! - Llamó desde su escritorio el sub-inspector Alonso - En cuanto pueda venga con el informe, quiero que esté también presente el médico y así evaluar si lo que dice ese Häg es cierto.

           - ¡Ok! Sub-inspector. En seguida hago las gestiones. El registro de llamadas de la central, ya me ha dado los datos, muy interesante por cierto...- Contestó sonriente el joven policía Ramírez.

        Häg permanecía en su casa sin poder dormir, pero ya era hora de que hiciera algo, al menos buscar a Dora, tenía que encontrarla...


          - ¡Hoy os traigo patatas de La Puebla! ¡¡¡Traigo patatas, saco de patatas a 2€ patata buena de La Puebla...!!! Se oía desde la callejuela.
         
          -          Grrr...! ¡el que me faltaba! - dijo Häg llevándose los dedos a las sienes - ... el vendedor ambulante... ¿Qué día es hoy? ¿Lunes?... ¡Ay bah claro! por eso tenía que marcharse tan temprano Dora...

         El vendedor ambulante de sacos de patata de La Puebla, seguía con su megáfono por la callejuela de la casa de Häg tratando de reclamar a lo vecinos su presencia, y que daba sacos a dos euros.

 Decidió dar un salto desde la cama, cuando ya se le hacían insoportables aquellos pensamientos negativos que no le llevaban a ninguna parte salvo a la inquietud, cierto desánimo, y la desazón en pensar en todo lo que había ocurrido desde la llegada de Dora en uno de aquellos encuentros esporádicos, pero que hasta el momento, no había dado más fruto que el de un amor extraño y sincero. No podía dejar aquello así, y claro para ello debía ir primero a la comisaría para hablar con el subinspector que había ido a su casa. 

Un sentimiento de culpa le apretaba el pecho, pero había cosas que no encajaban, e incluso pensó; que sería un ataque por aquellos supuestos intrusos que Dora había visto en la casa de enfrente.


           -           ¡Sí claro ella tendría razón! ¡Seguro que ha sido eso, la verían llegar y esos desalmados...! ¡Hijos de Puta!. - Gritó impotente ante la situación de incertidumbre que le atosigaba.



           Se fue directamente a darse una ducha para refrescarse y para hidratar aquella piel que le había quedado algo reseca por no saciar toda la sed que aún sentía. Se puso los jeans, una camisa, después se preparó otro zumo de naranjas, mientras daba un telefonazo al subinspector diciendo que iría para allá a hablar con él. .

            Puestos a investigar se dispuso a echar una batida por casa a ver si encontraba algún significado a todo aquello, aunque su cabeza no estuviera totalmente despejada, rebuscó incluso entre los cristales que habían permanecido hecho añicos en el salón.

           No encontraba nada, ni tan siquiera una evidencia que probara que Dora había estado aquella noche allí y que había desaparecido.

           -          ¡La cocina! Allí están aún la vajilla, las copas...!  - Exclamó Häg mientras permanecía en aquella postura con su mano en la barbilla y la otra a su costado.

          Se dirigío hacia la cocina, y pensó que no era necesario recoger nada, le diría al Subinspector Alonso, que fuera a su casa a echar otro vistazo y se lo diría... 

           -          A ver, Häg piensa un poco... - se dijo antes de salir de la cocina parando en el umbral de la puerta - las servilletas, con aquellos labios pintados debió quedar algún resto del carmín de Dora.
           
           Abrió el cubo de desechos de la cocina y removió con las manos seleccionando  las servilletas que estaban a la vista.

           -            Nada... esto está mojado, cuántas veces le habré dicho que no me eche la botella de vino sin vaciar... Bueno con la vajilla le bastará al subinspector,  sabrá como sacar huellas y podrán dar con ella, antes que yo... - Mientras se resignaba, al cerrar la papelera, algo captó su atención que hizo levantar su tapa de metal pisando el pedal de la papelera de acero inoxidable.

            Se agachó y empezó a rebuscar en la papelera sin que tuviera tantos reparos como la primera vez.

            -           Hummm... espero que no sea una paranoia, pero dónde estará ese papel que me llamó la atencíon... ¡Aquí! - Lo cogió y empezó a leer.

            Su cara se iba transformando a medida que leía, aquel papel que podría ser importante, y es que aquel ticket era el del parking del aeropuerto, tal vez no se hubiera ido, tal vez permanecía aún el coche allí, más datos con los que poder probar al menos la existencia de Dora.



           Se puso la chaqueta y cogió las llaves de su coche, se dirigía a la comisaría a entregar aquél hallazgo que había hecho en sus pesquisas por la cocina de la casa de Häg 



Imagen de Pinterest, compartida aquí Lincoln...


Recuerda ésta es la III parte de este primer capítulo de la casa de enfrente de Häg, así que no te pierdas la próxima entrega, en la que veremos adónde nos lleva esta pista para saber más de lo ¿Qué pasó con Dora? tras una visita a los investigadores, con alguna sorpresa en la que no faltará detalle en esta aventura que compenzó aquí en la calle de enfrente... Häg

   ¡Continuará sólo si tu lo deseas!Dame una señal...

Publicar un comentario